Un pensamiento en “Periodista irlandés pone en aprietos a los perros del BCE

  1. Jehová mismo oirá cuando yo clame a él (Sal. 4:3).
    David lleva décadas reinando en Israel cuando se enfrenta a una peligrosa situación. Como su hijo Absalón ha dado un golpe de estado y le ha arrebatado el trono, se ve obligado a abandonar Jerusalén. Por si fuera poco, es traicionado por uno de sus más estimados consejeros. Acompañado por un puñado de hombres fieles, camina descalzo y llorando por el monte de los Olivos. Luego, para colmo de males, sufre humillaciones a manos de Simeí, un pariente de Saúl que se pone a lanzarle piedras, polvo y maldiciones (2 Sam. 15:30, 31; 16:5-14). ¿Le llevarán a la tumba todas estas desgracias y penas? No, pues confía en Jehová, tal como lo revela el Salmo 3, donde David habla de esta ocasión en la que salió huyendo. El rey compuso además el Salmo 4, que, como el anterior, expresa su convicción de que Dios escucha y contesta los ruegos de sus siervos fieles (Sal. 3:4; 4:3). Ambos salmos garantizan que Jehová está con ellos día y noche, y que los bendice dándoles ayuda, paz y seguridad (Sal. 3:5; 4:8). w11 15/5 5:1, 2

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